Tercer episodio de turbulencias en los activos italianos

Acabamos de asistir al tercer episodio de turbulencias en los activos italianos. El primero tuvo lugar en la primavera, inmediatamente después de las elecciones, cuando los Cinco Estrellas y la Liga acordaron la formación de Gobierno y escogieron a Paolo Savona, euroescéptico o crítico con el euro, como ministro de Economía. El revuelo generado por ello fue tal, la reacción de los mercados fue tan negativa (llevó a la prima de riesgo a rozar los 300 puntos básicos), que el presidente de la República, Sergio Mattarella, se opuso a dar su aprobación a esa cartera. Y a Savona se le sustituyó por Giovanni Tria. Éste se ha esforzado en los últimos meses por transmitir mensajes tranquilizadores al mercado. Primero, de fidelidad al euro. A continuación, a los compromisos adquiridos con Bruselas respecto al déficit: las bajadas de impuestos (el “flat tax” de la Liga) y el aumento del gasto (la modesta renta básica del Movimiento Cinco Estrellas) serían compatibles con un déficit del 2% e, incluso, por debajo, del 1,6%.

A finales de agosto tuvo lugar el segundo episodio de nerviosismo en los activos italianos. Los inversores se inquietaron a cuenta de la crisis emergente y en el contagio que se observó, los bonos italianos se convirtieron en el eslabón más débil dentro del mundo desarrollado. Ello, con la excusa de que los presupuestos aún estaban en el aire. Pero, una vez olvidado el descalabro turco y el nuevo rescate argentino, la convicción que transmitía Tria volvió a pesar y vimos una recuperación fulgurante tanto de la bolsa italiana como de sus bonos. Ello duró hasta este jueves.

El conflicto que, de todas maneras, seguía existiendo entre Tria, por un lado, y la Liga y los Cinco Estrellas, por otro, ha tenido un vencedor: sobre todo el líder de estos últimos, Luigi di Maio, que lanzó un órdago de acuerdo con el que o lograba 10.000 millones de euros para su renta de ciudadanía o pedía la dimisión de Tria. Al final, ha conseguido sus 10.000 millones y otros 2.500 para revertir parte de la última reforma de las pensiones y los presupuestos italianos van con un déficit del 2,4%. Este salto desde lo que quería Tria y confiaban los inversores que saldría adelante a la realidad ha llevado a la rentabilidad de los bonos italianos a diez años a subir desde niveles por debajo del 2,90% hasta el 3,15%, cota equivalente a la que alcanzó cuando el lío de Savona, aunque un poco inferior a la de finales de este agosto, cuando superó el 3,20%.

En este escenario, Zangana opina que es probable que vuelva un sentimiento de calma y que ello lleve a un estrechamiento de la prima de riesgo de Italia con respecto a Alemania. Aunque avisa de que esta “pantomima” volverá a repetirse a sí misma el año que viene, cuando se diseñen los nuevos presupuestos.  Mientras tanto, reconoce que Italia continuará siendo vulnerable a cualquier golpe que pueda sufrir el crecimiento, tanto cíclico como a un shock puntual. Aunque a corto plazo las aguas podrían volver a su cauce, según Zangana, a largo plazo continúa preocupado por la sostenibilidad de las finanzas públicas italianas…

Leer más: Italia: tercer episodio de turbulencias y ahora con números sobre la mesa

AITA

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