Cómo invertir según su edad

La edad es uno de los mayores condicionantes al invertir y para cada edad hay activos que pueden allanar ‘el camino del éxito’ en los mercados. Según los expertos, los jóvenes deben asumir riesgo y apostar por la rentabilidad y al acercarse a los 60 el objetivo es proteger el patrimonio sacrificando las ganancias.

La edad y la inversión están directamente relacionadas, y elegir los activos adecuados en cada etapa de la vida puede generar óptimas rentabilidades. El objetivo del inversor joven es incrementar el capital y arriesga en su inversión para obtener mayor beneficio, por ello la renta variable es la más indicada para él. Mientras que en las últimas etapas de la vida el objetivo es preservar el capital y aumenta la aversión al riesgo. Los mayores renuncian a la rentabilidad a cambio de conservar lo ganado y lo lógico es que opten por la renta fija.

«No existe una distribución ideal entre la edad y el tipo de inversión, ya que esta tiene que adaptarse a las circunstancias personales de cada inversor y a su perfil específico. En este sentido, podríamos encontrar carteras para un mismo rango de edad muy diferentes», señala Victoria Torre, responsable de Desarrollo de Contenidos, Productos y Servicios de Self Bank.

Otro aspecto al que hay que atender, en su opinión, son las circunstancias del mercado, «en caso de extrema volatilidad, podrían alterarse en parte las distribuciones entre activos». No obstante, reconoce que se pueden dar unas pautas generales para invertir en cada franja de edad.

La aversión al riesgo es otro factor que hay que tener en cuenta al optar por un activo u otro. Francisco Marín presidente del Comité de Servicio a Asociados de EFPA, considera que el ciudadano tiene que tener muy claro su perfil inversor, si es conservador y desea proteger su patrimonio o prefiere asumir más riesgo para lograr mayor retorno.  Y Carlos García Ciriza, presidente de la Asociación de Empresas de Asesoramiento Financiero (Aseafi), apunta que otros elementos a considerar son «la experiencia inversora, la situación financiera del inversor, sus necesidades de liquidez y los objetivos de su inversión», sea cual sea su edad.

En lo que hay consenso es en que es conveniente que cada ahorrador establezca una estructura de inversión según su edad y que esta varíe y se adapte a medida que cumple años.

DISTRIBUCIÓN DE ACTIVOS POR EDADES

De 25 a 35 años. En esta etapa de la vida, las inversiones deben dirigirse a productos de mayor riesgo porque el joven tiene mucho tiempo para recuperar pérdidas si una inversión no le sale bien. Ese riesgo se justifica por la posibilidad de obtener más beneficio. Según Victoria Torre, en este intervalo de edad lo recomendable es que el joven tenga el 80 por ciento de su inversión en renta variable y el 20 por ciento en renta fija. Respecto a los activos, las acciones son las más adecuadas para ellos y los ‘chicharros’ son una buena opción.

«En caso de invertir en ‘chicharros’, el consejo es hacerlo con una cantidad de dinero limitada porque, más que invertir, se está especulando. Obviamente esto no se recomienda en edades avanzadas ni en perfiles conservadores».

De 35 a 45 años. En esta franja se recomienda un 30 por ciento de inversión en renta fija y un 70 por ciento en renta variable. Esta etapa se caracteriza por tener grandes gastos: hipoteca, hijos, coche… y la capacidad de inversión merma. Por activos, los fondos de inversión y los planes de pensiones son los más apropiados, junto a la inversión en bolsa.

De 45 a 55 años. Para este intervalo de edad Torre propone aumentar la renta fija hasta el 45 por ciento y reducir la variable al 55 por ciento. En estos años los salarios aumentan por lo que es mayor la capacidad de ahorro, y las acciones y los fondos son los productos financieros más convenientes para esta edad.

De 55 a 65 años. Es una etapa en que los gastos se reducen y aumenta la aversión al riesgo al acercarse la jubilación, por ello Torre sugiere invertir un 65 por ciento en renta fija, que va ganando terreno, y un 35 por ciento en renta variable. Como activos, los bonos y las acciones son los indicados.
Más de 65. Empieza la época de desinvertir para cubrir los gastos que no se pueden pagar con la pensión. Es frecuente la venta de acciones y el rescate parcial de planes de pensiones. La aversión al riesgo es grande y se recomienda invertir un 80 por ciento en renta fija y un 20 por ciento en renta variable. En renta fija la inversión va dirigida a productos de corto vencimiento y a depósitos bancarios a plazo fijo, en los que la rentabilidad es muy reducida y el riesgo también.

«Al tener más edad, hay menos tiempo para recuperarse de una pérdida de patrimonio y han de tener más peso las inversiones que protegen ese patrimonio», afirma Marín.

ADAPTAR LA INVERSIÓN
Adecuar la inversión según el ciclo de edad del inversor «es básico», apunta García de Ciriza. También para Victoria Torre «es fundamental», ya que no se puede hacer una distribución de cartera acorde a unos parámetros y mantenerla siempre. «Es importante revisarla periódicamente para analizar si la estrategia seguida es la adecuada y si los activos elegidos son los óptimos, y para lograr un reequilibrio en función de los resultados». Y pone un ejemplo: «si tenemos un 30 por ciento en renta fija y un 70 por ciento en renta variable y esta ha ido muy bien, en unos meses el mayor avance de la renta variable hará que el peso de esta en mi cartera ya no sea de un 70 por ciento sino quizá de un 75, y si mi perfil no ha cambiado debería reajustar mi cartera».

LA REGLA DEL 120
La regla del 120 sirve para estructurar el ahorro de una persona en función de su edad y establece el porcentaje que debe invertir en renta variable, es decir, en productos de inversión de alto riesgo.
Según esta regla, el ciudadano debe invertir en renta variable un porcentaje igual al resultado de restar a 120 su edad, y el resto lo dedicaría a inversiones en renta fija.

Pero, según fuentes de ING Direct, «la regla del 120 no es exacta», por lo que «el inversor que tenga una elevada aversión al riesgo puede sustituir el 120 por un 100 o por un número menor».

La idea central que difunde esta regla es que cada año hay que rebajar un uno por ciento el porcentaje que se dirige a renta variable. Por ejemplo, una persona con 25 años podría invertir un 95 por ciento de sus ahorros en renta variable -este resultado se justifica en que una inversión realizada por una persona de esta edad tiene muchas probabilidades de evolucionar positivamente a lo largo del tiempo, aunque haya algún momento malo por el camino-, una persona de 50 invertiría un porcentaje del 70 por ciento, mientras que en una de 75 años ese porcentaje se reduciría al 45 por ciento…

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AITA

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