Cómo elegir el mejor plan de pensiones

Aunque al 81 por ciento de los españoles les preocupa bastante o mucho el futuro de las pensiones, solo el 28 por ciento ahorra para su jubilación, según recoge la V Encuesta sobre Jubilación y los Hábitos de Ahorro realizada por el Instituto BBVA, al mismo tiempo los trabajadores son cada vez más conscientes, por un lado, de que la sostenibilidad del sistema de pensiones está en entredicho y, por otro, de la necesidad de contratar productos que les aporten rentas que complementen la pensión pública, que seguramente será inferior a lo esperado.

Los planes de pensiones son el producto por el que optan la mayoría de los españoles para ahorrar, un 59 por ciento lo hace a través de ellos, frente al 29 por ciento que lo hace en depósitos o el 16 por ciento en fondos, mientras que el 15 por ciento lo ejecuta a través de rentas inmobiliarias.

José Carlos Vizárraga, director de Ibercaja Patrimonio, explica por qué este vehículo es el mejor producto para complementar la pensión pública: «En primer lugar, cuenta con una gran diversidad de políticas de inversión, lo que permite optimizar el proceso de ahorro, al poder situarnos en cada momento en aquellas inversiones con mejores expectativas de rentabilidad y, en segundo lugar, su carácter de ahorro finalista, que suprime cualquier riesgo de dedicar ese ahorro a decisiones de consumo más inmediatas». Este abanico de posibilidades también lo destaca Gloria Siso, directora de productos de inversión de ING: «A través de los planes de pensiones podemos acceder a una amplia diversificación y podemos ahorrar en prácticamente cualquier activo, desde bolsa española hasta bonos de una compañía o divisa».
Aún así, los expertos coinciden que falta concienciación por parte de los trabajadores de la necesidad de ahorrar de cara al retiro. Para remediarlo, Paula Mercado, directora de análisis de VDOS, cree que «estaría muy bien que se cumpliera la promesa de que los trabajadores mayores de 50 años recibieran una carta con la previsión de pensión futura y las alternativas privadas». Solo conociendo cada uno la cobertura pública que recibirá podría planificar un complemento privado, continúa rotunda Mercado.

Vizárraga es de la misma opinión: «Es necesario que los trabajadores conozcan que las reformas de la Seguridad Social de 2011 y 2013 van a reducir el importe de las nuevas pensiones en los próximos años». Para hacerse una idea, según el estudio ‘The 2015 Ageing Report’ la tasa de sustitución de la pensión pública respecto al último salario en España irá progresivamente reduciéndose en los próximos años, pasando del 79 por ciento de 2013 al 66 por ciento en 2025 y al 60 por ciento en 2030. Tres son las propuestas de Angel Martínez-Aldama, presidente de Inverco, Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones, para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo: «Proporcionar a los trabajadores información sobre cómo será su pensión pública en el futuro, un sistema fiscal más ventajoso para los planes de pensiones e incentivar por parte de la empresa planes de pensiones en los que el trabajador pueda salir de él». De hecho, esta es una de las reclamaciones de Unespa, patronal de las aseguradoras. Según su presidenta, Pilar González de Frutos, aportarían 25.000 millones de euros a la jubilación.

Cuándo empezar

La elección del mejor plan de pensiones dependerá del momento en el que el trabajador decida contratarlo, ya que el tipo de inversión está directamente relacionado con la edad del futuro partícipe.

Lo ideal, explica Paula Mercado, es que se contrate «el plan de pensiones tan pronto como se comienza a tener ingresos» y la razón es sencilla: en primer lugar ,porque hay mayores posibilidades de alcanzar el objetivo de rentabilidad en el horizonte de inversión definido, no solo invirtiendo en los activos más rentables, sino que ese capital se incrementará fácilmente gracias a la regla del interés compuesto. En segundo lugar, cuanto antes se empiece, el esfuerzo será menor para alcanzar los objetivos marcados. Por su parte, Ricardo González-Arranz, director comercial de Mutuactivos, establece cinco factores que determinarán la elección de un producto u otro: «El primero, necesidades futuras. Debemos saber qué cantidad de ahorro queremos conseguir para la jubilación. En segundo lugar, el perfil de riesgo; tercero, las comisiones, ya que tendrán un impacto directo en la rentabilidad que obtengamos y el foco hay que ponerlo en la rentabilidad neta de comisiones que ofrecen los planes; cuarto, la rentabilidad histórica, puesto que estamos hablando de ahorrar a largo plazo y es importante contrastar la consistencia de los resultados en periodos amplios y, por último, la solvencia de la entidad, vital ya que estamos hablando que esta entidad nos va a acompañar en los próximos 15 o 30 años».

Edad

Por lo tanto, la edad con la que se contrate un plan de pensiones es fundamental. No es lo mismo comenzar a ahorrar a través de estos vehículos cuando se tiene 30 años que cuando se tiene 45 años. «Al principio de la vida laboral se dispone de un horizonte de inversión a largo plazo, por lo tanto se puede asumir un mayor riesgo, e invertir en planes de renta variable para ir reduciendo ese riesgo a medida que se acerca la fecha de rescate», concluye Mercado.

Vizárraga señala los 35 años como la edad ideal. «A esa edad deberíamos empezar un plan modesto para ir incrementándolo con el tiempo». Sin embargo, la realidad empuja al trabajador a hacerlo con casi 50 años, que es cuando su situación financiera mejora. A pesar de retrasarlo, Vizárraga cree que hay tiempo suficiente para planificarlo «puesto que nos quedarán casi 20 años para constituir un ahorro para la jubilación».
Pero para José Antonio Cortés, director general de GVC Gaesco Pensiones, la edad no es determinante, puesto que «habría que añadir otros factores importantes como la situación financiera y laboral o las necesidades a medio y largo plazo».

Contribuciones periódicas

Desde Ibercaja reiteran la importancia del concepto de ahorro mensual: «Hacer aportaciones periódicas reduce el esfuerzo financiero que implica hacer un desembolso único a final de año y nos inmuniza ante subidas y bajadas fuertes de los mercados que pueden coincidir con el momento en el que hagamos nuestra aportación». De igual opinión es Juan Fernández Palacios, consejero delegado de Mapfre Vida, quien insiste en «contratarlo cuanto antes mejor» y recalca los beneficios de las aportaciones mensuales: «Deberíamos empezar a plantearnos una contribución también mensual, de una parte de nuestro salario, a constituir un complemento a la pensión pública», ya que Siso insiste en que «no es imprescindible hacer grandes aportaciones, pequeños gestos durante mucho tiempo pueden ser suficientes para conseguir un capital importante». Por poner un ejemplo, si ahorra 100 euros mensuales «con nuestro Plan Naranja 2040 con 36 años tendría un capital final de 232.796 euros, importe que caería hasta los 68.786 euros si empieza diez años después», matiza Siso.

Evolución histórica y asesoramiento

Estas son dos de las claves que permitirá al futuro partícipe acertar en su elección. Cuando se habla de la primera, Mercado aconseja que «sería conveniente invertir en un plan que tenga una historia de al menos tres años» y con gestoras que cuenten con un amplio abanico de productos y que estos sean rentables.

En cuanto al segundo aspecto, Vizárraga asevera que «el asesoramiento permitirá contratar el mejor plan que se adapta al perfil, el que mejores expectativas de rentabilidad tiene. También es fundamental que nos guíen en el proceso de ahorro respecto a qué aportaciones realizar para lograr los objetivos y cómo recuperar el plan con el mejor resultado fiscal posible». Fernández Palacios cree que «lo más importante para acertar es buscar un gestor profesional de ese ahorro que nos asesore en cada momento en función de nuestro ciclo vital». Ese asesoramiento individualizado permitirá, en su opinión, rentabilizar mejor el ahorro.

Rentabilidad y riesgo

¿Cuánto se puede ganar con un plan de pensiones? El riesgo, que adopte el partícipe, es decir, si invierte en mayor o menor medida en renta variable o en renta fija determinará los retornos que recibirá a través de su plan. Aunque los expertos reconocen que en un entorno de tipos bajos es muy difícil obtener rentabilidades positivas si no se adopta cierto nivel de riesgo. «Se pueden obtener rentabilidades positivas con planes de pensiones que inviertan en renta variable y mixtos y también con planes de renta fija que, asumiendo un mayor riesgo, inviertan en renta fija privada como high yield o emergente», destaca Mercado.

No obstante, en los mercados financieros actuales, prosigue Martínez Aldama, el ahorrador conservador debe ser consciente de que debe incurrir en un mayor riesgo para obtener cierta rentabilidad. Y es aquí donde Martínez-Aldama pone de relieve el gran abanico de posibilidades que ofrece el plan de pensiones al partícipe, puesto que puede invertir en «planes mixtos o con cierto componente de renta variable» que le permita alcanzar su rentabilidad sin poner en peligro su inversión. Álvaro Monterde, director de previsión social de March JLT, explica que «cuanto más joven, mayor riesgo y, por tanto, mayor peso de la renta variable» y a medida que se vaya acortando el horizonte temporal «aumentar la exposición en renta fija» asegura Daniel Martos, director de vida y pensiones de Axa; mientras que Fernández Palacios añade que una vez que se aproxime la edad en la que necesitará el dinero «tenemos que ir reduciendo riesgos, por ejemplo, traspasando el fondo del plan de pensiones a un plan de previsión asegurado, que garantiza capital y rentabilidad».
Por ponerlo en cifras, a rentabilidades a un año y según datos de Inverco, «los planes de renta variable obtienen réditos superiores al 15 por ciento, mientras que la renta fija mixta apenas supera el 2 por ciento y los planes de renta fija a corto se encuentran en un uno por ciento», recalca Martos.

Ventaja fiscal

Estos productos, además, tienen un atractivo fiscal, puesto que permiten reducir la base imponible, pagando menos impuestos, aunque la reforma fiscal de 2015 rebajó el límite máximo de aportaciones hasta los 8.000 euros anuales o 30 por ciento de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas (la menor de las dos). Sin embargo, si al superar estos límites no puede reducir todas las aportaciones anuales al plan de pensiones, existe la posibilidad de reducir este exceso en los siguientes 5 ejercicios.

En ese sentido, González-Arranz explica que «los planes de pensiones y los PPAs son los únicos productos de ahorro que permiten deducirse directamente las aportaciones en la base imponible del contribuyente».

Rescate

Aunque a los planes de pensiones se les ha acusado de ser productos ilíquidos, puesto que solo se podrían rescatar hasta la jubilación sí hay una serie de supuestos en los que se puede recuperar el dinero antes: la invalidez, el fallecimiento o la dependencia severa o gran dependencia y desempleo de larga duración. Además, es posible también rescatar aportaciones con una antigüedad superior a 10 años a contar desde el 1 de enero de 2015. Y ahora, con el Real Decreto que prepara el Gobierno permite rescatar el plan de pensiones tras 10 años y sin límite alguno. En opinión de Vizárraga, esta decisión podría ser un proceso dinamizador del sector entre los más jóvenes, pero desde el colectivo aboga por una solución mixta, rescate pero con ciertos límites, puesto que la medida podría descapitalizar un patrimonio dedicado a la jubilación para destinarlo a decisiones de consumo más cortoplacistas.

La reacción de Unespa a este proyecto de ley va en el mismo sentido y considera que «establecer un límite máximo de disposición de 10.000 euros anuales en la liquidación de planes de pensiones sería suficiente para atender a estas necesidades extraordinarias de liquidez de partícipes».

Aunque Siso valora positivamente esta iniciativa ya que, en su opinión, «una de las barreras que un ciudadano puede encontrar a la hora de pensar en contratar un plan de pensiones es la cautividad del dinero hasta un futuro lejano». No obstante, esta medida es criticada por Monterde, que cree que «lanza un mensaje erróneo sobre la necesidad de ahorrar a largo plazo».
En cuanto a la fiscalidad del rescate, ésta dependerá de cómo se realice: si es en forma de capital (todo el patrimonio) tributará al tipo marginal del 45 por ciento si excede de los 60.000 euros; mientras que rescatarla en forma de renta periódica es mucho más ventajoso fiscalmente.

Comisiones

Ese mismo anteproyecto de Real Decreto recoge una rebaja de las comisiones. Así, se sustituirá la comisión máxima de gestión de los planes de pensiones, fijada actualmente en el 1,5 por ciento por un sistema de tres tramos en función de las diferentes políticas de inversión de los propios fondos. En el caso de renta fija se reducirá hasta el 0,85 por ciento, mientras que en el caso de la renta fija mixta el importe máximo se reduce hasta el 1,3 por ciento y para el resto de fondos (renta variable y fondos garantizados) la comisión de gestión máxima se mantiene en el 1,5 por ciento. Aunque los expertos creen que no supondrá un revulsivo a la contratación: «Ya contamos con una experiencia similar como fue la rebaja aplicada en octubre de 2014», recuerda Vizárraga, ya que creen que son las rentabilidades del producto y el asesoramiento financiero y fiscal que hayan recibido el verdadero incentivo de estos productos.

Por contra, Cortés cree que será un aliciente importante para «los fondos de deuda pública y renta fija de gestión pasiva porque estos fondos no tienen mucho potencial de rentabilidad a corto y medio plazo».
Sin embargo, Martínez-Aldama espera que el Gobierno tenga razón y se incremente la contratación de planes de pensiones entre los más jóvenes, aunque insiste en que el partícipe debe saber que «la rebaja de las comisiones no supone un incremento de la rentabilidad de su plan, salvo en los de renta fija».

Incentivos por traspaso

Y para los que ya tienen un plan de pensiones, sabrán que a final de año las entidades financieras ponen en marcha campañas para atraer nuevos clientes y que traspasen sus planes de pensiones. Bonificaciones y regalos son los ganchos más usados para ello. Y es que estos productos se pueden trasladar sin coste de una gestora a otra con gran rapidez: en menos de 15 días puede tener hecho el cambio, aunque Martínez-Aldama advierte que estos movimientos no deben hacerse solo pensando en la bonificación, ya que a cambio suelen imponer períodos de permanencia. «El consejo que daría es igual que el que doy a quien se lo abre por primera vez: solo trasladar su plan si cumple el mismo nivel de riesgo». González-Arranz añade que «hay que prestar atención a aspectos como la adecuación del perfil del cliente con el riesgo del producto, las comisiones, el historial de rentabilidades del plan» etc… Como recomendación, Fernández Palacios insiste en pensar más allá de los incentivos: «Es fundamental que el ahorrador piense en quién está confiando su ahorro, porque se está iniciando una larga relación que tiene que estar basada en la confianza mutua, y en la plena tranquilidad para el cliente de que su futuro lo está gestionando una institución solvente y profesional». Y esta opinión coincide con la que defiende Martos: «Debe preguntarse sobre gestión histórica del plan y el asesoramiento»…

Cristina Casillas

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AITA

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